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28/03/2010 / juliandesigner

Derecho al agua limpia, ¿primero para la industria?

Topham Picturepoint/UNEP/Jota Cornea
Foto: Topham Picturepoint/UNEP/Jota Cornea

Teniendo en cuenta que hace unos días se celebró el día Mundial del Agua, y en vista de que para el 20 de abril la Corte Internacional de Justicia de La Haya tendrá una repuesta acerca del caso elevado por Argentina contra Uruguay debido a la instalación de una planta papelera de Botnia sobre el río Uruguay (ver “Gualeguaychú: Carnavales y protestas ambientales”),  retomaré el tema de las papeleras y la situación que se plantea más allá del conflicto específico abordado anteriormente.

Mientras usted leía el anterior párrafo murió al menos un niño menor de 5 años en el mundo por enfermedades causadas por agua contaminada, cada 20 segundos muere uno, y esta tasa de mortalidad seguirá creciendo si no se actúa al respecto adoptando políticas serias para proteger este valioso recurso, pero sobre todo si el nivel de consumo de productos como papel y bebidas gaseosas, para los que en su transformación es necesario este recurso, no se vuelve austero y crítico.

Aumenta la producción de celulosa para papel en plantas como la de Botnia en Fray Bentos, aumenta cada día el riesgo de la inaccesibilidad al agua, y este riesgo se debe no sólo  que la capacidad de producción sea la respuesta a la demanda de papel en todo el mundo, sino que la deslocalización y la tercerización de la producción en éste y otros de diferentes rubros, hace que la responsabilidad de cuidar el medio ambiente y proteger los recursos naturales deban ejercerse ahora desde los países en vías de desarrollo como Uruguay y Argentina, donde la necesidad de inversión le da la bienvenida a la industria, pero puede llegar a pasar por alto no sólo tributos por exenciones legales, sino quizás hasta ciertos niveles contaminantes de las fábricas.  Hay estudios y mediciones de la polución de Botnia, en donde por un lado los resultados son positivos y por el otro negativos:

Foto: Topham Picturepoint/UNEP/Teddy A Suyasa

Elías Jorge Matta, especialista de la Universidad del Litoral concluye en un informe: “Sin lugar a dudas, la operación de la planta de Botnia Fray Bentos S.A. emitirá contaminantes. En muchos casos, en cantidades relativamente muy altas y peligrosas para los seres vivos, incluyendo los seres humanos. Muy altos para algunos contaminantes, por el acumulado en Kg./año reconocido por la empresa; muy alto, en otros casos, por la extrema toxicidad del contaminante en cuestión”.

Marisa Arienza, representante de la organización ambiental Green Cross asegura por su parte que “Los niveles en el aire de dióxido de azufre, del que se derivan los posibles gases peligrosos que podría emanar la planta, no sufrieron ninguna variación entre antes y después de que Botnia iniciara sus operaciones”

Para dar un ejemplo de otras latitudes y conocer el riesgo que supone el manejo de estas plantas, en China se han cerrado durante los últimos 20 años más de 700 papeleras sobre el río Weihe, en el cual la provincia de Shaanxi ha establecido 62 plantas de tratamiento de aguas residuales.  En los países en vías de desarrollo como Uruguay y Argentina no se trata sino el 10% de las aguas residuales, lo que ya es un problema enorme; en el mundo hay hoy en día más muertes por contaminación de agua que por cualquier medio de violencia.

La deslocalización de las plantas de producción está convirtiéndose en la manera en la que las industrias pueden lavarse las manos, lavarse las manos con el agua que está en los países menos desarrollados.

Las empresas que deslocalizan sus procesos productivos logran reducir costos y desplazar a otro lugar las consecuencias ambientales o simplemente llevar a otro lado los problemas legislativos que puedan desprenderse del mismo, también encuentran así la manera de dedicarse a una marca y a un cuidado exhaustivo de su imagen corporativa.  Naomi Klein describe esta situación en “No Logo”:

Ésta es la razón de que ahora muchas empresas se desentiendan completamente de la producción. En lugar de fabricar los productos mismos, en fábricas propias, los «externalizan», tal como hacen las empresas de las industrias de recursos naturales, que externalizan el uranio, el cobre o la madera. Cierran las fábricas que poseen y contratan la producción afuera, a menudo en el extranjero.

La privatización del agua para la externalización restringe también el uso del recurso de manera limpia, casos como el de Coca-cola en México¹ (ver “El poder de llevar la marca Coca-cola”) pudieran verse cada vez con más frecuencia en los países en vías de desarrollo.  Simultáneamente es muy esperanzador ver iniciativas como la de Bolivia, país que propuso a las Naciones Unidas que se declare al agua y a los servicios básicos “derecho humano universal y de libre acceso”, iniciativa a la cual ya se han sumado varios países como Ecuador, Cuba y Venezuela.

Vínculos para revisar el tema:

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